09 agosto 2022

Grease (Brillantina)

 (Grease, 1978)

8 de agosto de 2022

Querido diario: 

Ahora que estamos los dos solos y nadie tiene acceso a nuestra intimidad, te voy a confesar algo que jamás había contado a nadie: nunca antes había visto "Grease". Sé que muchos de los que me conocen se sorprenderían de saberlo, pero es así. Siempre he evitado comentarlo.

Cuando, esta tarde, he sabido del fallecimiento de Olivia Newton-John, me he apresurado a buscar la copia que tenía guardada y aún precintada y, por la noche, he perdido mi virginidad respecto al film (lo mismo que deseaban hacer respecto al sexo, los, ya talluditos, adolescentes de la película). Así, me he obligado a un visionado que tenía pendiente desde siempre, a modo de personal homenaje a la actriz y cantante. Posiblemente, alguna televisión hará lo mismo durante la semana.

Debo reconocer que, al terminar de verla, tengo sentimientos muy encontrados sobre ella: hay aspectos que me gustan mucho y otros que no. Pero, como diría Jack el Destripador, vamos por partes.

Basada en un musical de Jim Jacobs y Warren Casey, estrenado originalmente en Chicago, pero que cambió y creció bastante al llegar a Broadway, la película nos cuenta la historia de amor entre Danny (John Travolta) y Sandy (Olivia Newton-John). Ambos se conocen y se enamoran cuando veranean en la misma playa. El fin del verano les obliga a despedirse: ella debe regresar con sus padres a Australia. Cuando, finalmente, se quedan en Estados Unidos, Sandy se matricula, sin saberlo, en el mismo instituto que Danny, donde él es uno de los cabecillas de un grupo de chicos (los T-Birds). Al comenzar el curso, Sandy traba amistad con un grupo de chicas autollamadas Las Damas de Rosa (The Pink Ladies) y se apunta al equipo de animadoras. Las Damas de Rosa fuerzan un encuentro entre Sandy y Danny. Éste debe proteger su reputación de duro ante sus amigos, de modo que no trata adecuadamente a Sandy y acaba dañando sus sentimientos. Días despues, Danny intenta hablar a solas con Sandy, pero ésta coquetea con un chico del equipo deportivo. Danny intenta hacer méritos en algún deporte para impresionarla y logra reconciliarse con ella. Juntos acuden al concurso de baile que organiza el instituto y que es retransmitido por una televisión nacional. Durante el mismo, Danny acaba bailando con una anterior pareja y ambos ganan el concurso. Danny trata de disculparse con Sandy de lo sucedido en un autocine, donde pretende, además, propasarse un poquito con ella. La puritana chica le deja plantado, a pesar de lo cual asistirá a verle en una carrera con otro grupo de chicos. Allí reconsidera su actitud y, el último día de clase, acude al instituto vestida de cuero y con un rompedor look de chica mala, dispuesta a recuperar a Danny.

Dicho así, hasta parece que hay un argumento coherente a lo largo de toda la película. Pero no es así. Todo eso está, en realidad, deslavazado a lo largo del film. Hacia mitad de la película comencé a aburrirme (mala seña) y no volví a engancharme realmente hasta el número final. Bueno, en realidad me iba reenganchando en cada número musical, que disfruto en sí mismo, aunque el conjunto me canse. No, no es solo que ese argumento sea una gran cursilada (la película lo es, de principio a fin, desde los besitos en la playa, hasta que salen volando en el coche). Una historia boba puede dar lugar a una buena película, si está bien realizada y hay un guion que unifique de forma acertada todos los elementos y les dé verosimilitud. Aquí, solo veo una amalgama de escenas, de ideas y de números musicales, puestos una detrás del otro. No veo verdadera tensión entre los personajes. Es decir, falta un guion que dé auténtica unidad a todas esas escenas, y, sobre todo, que dé entidad y auténticas motivaciones a esos personajes (simpáticos, pero anodinos) al tiempo que guíe sus acciones de forma convincente e interesante. Tal como está concebido es un guion bastante endeble, con personajes que son simples bosquejos, sin profundidad alguna. No basta con dar un par de brochazos para que parezca que todo luce maravillosamante: hay que "engreasear" todo el mecanismo para que la acción fluya de modo continuo y no a borbotones. No basta, por ejemplo, con que Danny dé un tropezón en la pista de atletismo, para que Sandy se precipite hacia él y abandone al otro. No basta con meter una escena solo por hacer bonito (o bulto), aunque paralice o ralentice la (ya escasa) acción, como el número de "Greased Lightning" donde fantasean con el coche que van a construir, o el "Beauty School Dropout" en el que Frenchy fantasea con su ángel de la guarda que le dice que vuelva al instituto. Por cierto, tampoco entiendo qué aporta el hecho de que una televisión acuda al baile del instituto.

Por otro lado, veo un problema común a muchas películas, sobre todo de una cierta antigüedad, en las que se escogen a intérpretes que superan (y con mucho) la edad de los papeles que interpretan. ¿Has visto algún adolescente en esta película? El más jovencito (casi) es John Travolta, que tenía ya 24 tacos (¡ya no era adolescente, por mucho que insistas!). Newton-John tenía 30 y Stockard Channing (Rizzo) contaba con 34 añazos. El resto estaban entre esos dos límites. Sí, vale, reconozco que hay química entre los dos protagonistas, en especial en los números musicales, y que Stockard Channing destaca sobre el resto del reparto. Esto último no me extraña: ya había comprobado en otras películas posteriores que es muy buena actriz.

Luego está la parte positiva: siempre me han encantado las canciones de esta película. Todas. Incluso las que se oyen de fondo porque suenan en una radio o porque ambientan el baile. Los números musicales están muy bien realizados. Cada uno de ellos es un acierto. Las coreografías (obra de Patricia Birch) son espléndidas y, muchas de ellas, complicadas, con numerosas bailarines en plano y con acciones de distintos actores que se suceden delante de la cámara sin cortar el plano y mientras hay gran actividad de fondo. En todas esas coreografías, hay una explosión de energía que se transmite a través de la pantalla y te levanta el ánimo, cualquiera que sea éste. Sin duda, son los números musicales los responsables del éxito de esta película (todo un honor para un musical).

La fotografía es magnífica a la hora de realzar una llamativa decoración vintage, como se dice hoy día. A veces con un sorprendente y divertido toque kitsch, como en la ya comentada canción "Beauty School Dropout" con el cantante Frankie Avalon, nada menos, apareciéndose a la soñadora Frenchy. Las imágenes destilan alegría a través de la luminosidad y el colorido. En este sentido, la atmósfera que se deseaba conseguir está realmente lograda, recreando el aspecto ingenuo y naíf de los años cincuenta: los coches, la cafetería, el parque de atracciones...

Merece ser también destacada, la secuencia de los créditos iniciales, realizada con dibujos animados. Resulta simpática y va muy bien con el tema musical "Grease" que la acompaña. Es poco frecuente realizar una secuencia de animación para los créditos de una película. ¿Cuál fue la vez anterior? ¿"La Pantera Rosa"? No sabría decirlo. También los créditos finales están bien diseñados, imitando un álbum de fotos de instituto.

Destaco también la elección de varios actores de larga trayectoria para los papeles de adultos: la camarera que sirve en el local al que acuden los chicos es la rubia Joan Blondell, muy famosa en el cine de los años 30 donde ya participaba en numerosas películas de gángsters y en musicales de Busby Berkeley. Eve Arden, la directora del instituto, otra veterana de la misma época que trabajó junto a los hermanos Marx, Katharine Hepburn o Joan Crawford. El entrenador del equipo, Sid Caesar, que se inició en los años 40 y obtuvo mucha fama en televisión. Y sigo impactado al descubrir a Lorenzo Lamas en todo un recital interpretativo, dando vida al insípido y alelado deportista con el que Sandy coquetea.
 
A pesar de que no me ha entusiasmado como conjunto, sí he disfrutado (mucho) varios momentos. Sé que volveré a darle otra oportunidad algún día. No en balde, tengo debilidad por los musicales. Tal vez el truco sea verla únicamente como un divertimento intencionadamente ingenuo y hueco. O no verla poco tiempo después de "Fama", otro musical de la misma época con bastante más enjundia argumental y psicológica.
 
   
Calificación: 6/10
Recomendación: Para nostálgicos y amantes de musicales postmodernos.
 
 
Dirección: Randal Kleiser
Nacionalidad: Estados Unidos
Género: Musical
     Duración: 110 minutos


08 agosto 2022

Superman II

 (Superman II, 1980)


29 de mayo de 2022

Querido diario: 

Ayer te comenté mi intención de ver completa la saga de Superman y mis impresiones sobre la primera parte, tras su enésimo visionado. En esta especie de maratón, hoy me he puesto al día con la segunda entrega.

A diferencia de la primera, esta segunda parte solo la había visto una vez..., y tampoco en el cine. Fue en un pase por televisión, un lejano primero de enero de 1988. Eran aún aquellos tiempos en que TVE aprovechaba las festividades importantes del calendario para programar algún título más "especial", generalmente dirigido al público joven e infantil.

Al ponerme al día, mi sorpresa ha sido descomunal al descubrir que, desde 2006, existen dos versiones de "Superman II", con muy notables diferencias (y resultado) entre ellas. No, no se trata de añadir una escenita o dos y alargar otra para tener... "el montaje del director" (leer con tono rimbombante). Se trata de cambios más significativos. Para entender esto, hay que conocer un poco la génesis de estos dos clásicos. 

 

LA GÉNESIS

Resumiendo lo que ya te comenté al hablar de "Superman", ésta nació gracias a dos productores, Alexander Salkind e Ilya Salkind, que compraron los derechos, contrataron como guionista a Mario Puzo y a Richard Donner como director, e iniciaron el rodaje de las dos partes simultáneamente. Los retrasos en el rodaje y los gastos, disparados respecto al presupuesto inicial, tensionaron la relación entre director y productores, quienes le obligaron a terminar la primera parte y aparcar el rodaje de la segunda (de la que ya había rodado un 70 %). Además, contrataron al director Richard Lester como interlocutor entre ellos y Donner.

Cuando los Salkind retomaron "Superman II", Richard Donner ya había sido despedido. Varios miembros del equipo se negaron a participar en la secuela tras dicho despido. Los que sí lo hicieron lo echaron bastante de menos: Donner era mucho más cercano y sabía crear una familia a su alrededor durante el rodaje y fuera de éste, mientras que su sustituto era un director que llegaba, daba las órdenes oportunas y se largaba al acabar su jornada.

Desde el principio, Richard Lester fue el encargado de la secuela. Los Salkind ya habían trabajado antes con él en una versión de "Los tres mosqueteros" y su secuela "Los cuatro mosqueteros", adaptación, claro está, de las dos partes del clásico de Dumas. Los Salkind apreciaban de él su eficacia para adaptarse al calendario y los plazos de rodaje y ajustarse al presupuesto. Justo lo que necesitaban, que no tiene uno edad para más sustos.

Pero claro, ya tenían cerca del 70 % del material. Por supuesto, Lester aprovechó gran parte del mismo, pero, con ayuda de los guionistas, introdujo ciertos cambios en el guion original para adaptarlo a sus ideas, gustos... o necesidades. Entre dichas "necesidades" estaban la de poder ser acreditado como director: para ello tenía que haber dirigido la mayor parte del material. Por eso, tuvo que rodar un inicio completamente diferente y un final alternativo al ya existente, así como algunas otras escenas. Otra de las necesidades venía impuesta porque Marlon Brando se negó a aparecer en la secuela y hubo que rehacer toda la parte en que volvía a hablarle al chiquillo. En definitiva, Lester desechó varias escenas ya rodadas, filmó otras nuevas para sustituirlas y terminó de rodar todo lo que faltaba. De este modo, Lester pudo firmar en solitario como director, a pesar de que buena parte de la película no era suya.


LA PELÍCULA

"Superman II" comienza en París. Lois Lane (Margot Kidder) está cubriendo la noticia de unos terroristas que han puesto una bomba atómica en un ascensor de la torre Eiffel. Superman acude raudo y más veloz que el Concorde y, tras salvarla, lanza el ascensor al espacio. Casualmente, la bomba explota cerca de la Tierra justo cuando pasaba por allí la zona fantasma, esa extraña prisión en la que estaban encerrados los tres sublevados de Krypton, condenados por traición por el Consejo y el propio Jor-El (padre de Superman) justo antes de la destrucción de su planeta. La explosión libera al malvado general Zod (Terence Stamp) y sus dos secuaces, Ursa (Sarah Douglas) y Non (Jack O'Halloran). Al verse liberados, se dirigen a la cercana Tierra usando sus poderes (que son los mismos que los de Superman, al ser del mismo pueblo). En la Tierra, Lex Luthor (Gene Hackman) se fuga de la cárcel gracias a la ayuda de la señorita Teschmacher (Valerie Perrine) y viajan al polo buscando la fortaleza de Superman, donde el superdotado Luthor se entera de la existencia de los tres villanos de Krypton y lo relaciona con las cercanas señales detectadas por un aparato que inventó para localizar a Superman. Entre tanto, Lois y Clark son enviados a cubrir una noticia en las cataratas del Niágara. La aparición de Superman para rescatar a un niño, hace que Lois sospeche, aún más, de la doble personalidad de Clark. Ya en el hotel, Clark cae en una chimenea sin sufrir daños, revelando así su secreto a Lois. Superman lleva a Lois a su fortaleza donde, tras una romántica noche, acepta sacrificar sus poderes para iniciar una relación con ella. De regreso a Metrópolis, descubren que Zod y sus acólitos dominan la Tierra y se han aliado a Lex Luthor para enfrentarse a Superman, de quien Zod quiere vengarse al conocer que su padre fue su carcelero. Arrepentido de su error, Superman busca ayuda de nuevo en su guarida, recupera sus poderes y regresa a Metrópolis para entablar una encarnizada lucha con Zod, Ursa y Non. Fingiendo su derrota, los guía al polo para despojarlos de sus poderes.

"Superman II" es una muy digna secuela. A pesar de los cambios introducidos, se nota la continuidad existente entre las dos partes. Los personajes que ya estaban en la primera, repiten en la segunda (salvo Marlon Brando) y los actores vuelven a brillar en sus papeles como ya hicieron en el original: la química entre Christopher Reeve y Margot Kidder sigue existiendo (quizá no era necesario el numerito del vuelo, otra vez); Gene Hackman destaca de nuevo como villano llevando la parte cómica de la función y la película sube cada vez que aparece; Terence Stamp llama también la atención en su papel de supervillano, al que no pudo sacar partido en la primera parte por su reducida intervención.
 
El argumento también enlaza relativamente bien con la primera parte: los supervillanos eran personajes episódicos en el original, pero allí se nos explicó su origen, para hacerlos protagonistas en la secuela. La guarida que permitía la comunicación de Superman con sus fallecidos progenitores sigue existiendo y es clave en el desarrollo de la segunda parte. La historia de amor evoluciona y se mejora con la decisión que Superman debe tomar y las dudas que ello le genera. Lex Luthor comienza la película en la cárcel, donde fue encerrado al final de la primera parte. Sus ayudantes siguen siendo los mismos, aunque aquí se opta por abandonar al personaje de Otis (Ned Beatty), a quien el propio Luthor impide fugarse cuando ve que el globo en el que huye no puede con su peso. Es decir, las líneas maestras de la historia son las que son y ya estaban perfiladas desde el inicio.
 
Sin embargo, hay ciertos detalles que no terminan de encajar tan bien y resultan algo chocantes o, al menos, extraños. Uno de ellos es el arranque del film: ¿Por qué empieza en París? ¿Cómo es posible que en el Daily Globe se enteren por las noticias de que hay un grupo de terroristas en la torre Eiffel y a Lois le dé tiempo a ir al aeropuerto, tomar el avión, llegar al aeropuerto, llegar a la torre y subirse al ascensor (por supuesto, sin que la vean), y los terroristas siguen en las mismas? ¿Qué hacen? ¿A qué esperan? ¿A que llegue Superman y aborte sus planes? ¿De dónde han sacado una bomba atómica, nada menos? ¿Por qué la ponen en un ascensor? ¿Pensaban escapar de la acción de la bomba? Poco pensada esta escena.
 
Otras escenas más chocantes aún son las conversaciones de Superman en su guarida. En la primera parte, todas las que mantiene y toda la instrucción que recibe viene de su padre, Jor-El. De repente, llegamos a la secuela y solo se comunica con Lara, su madre. ¿Dónde está papi? ¿Comunica? ¿Por qué mami no quiso saber nada del chiquillo en el primer capítulo? No hay explicación por ningún sitio. La coherencia a tomar viento.
 
Un detalle menor, pero también llamativo es que, en una conversación en el hotel de Niágara, Clark y Lois hablan de las sospechas que Lois tiene sobre la doble identidad de Clark, y mencionan que ésta se lanzó desde la ventana de la redacción para que Clark la rescatara. Primera noticia que tenemos, y ahí se queda.
 
Pero, sin duda, el mayor exceso del guion es cuando Superman, ya desprovisto de sus superpoderes, regresa a su guarida, con la intención de recuperarlos, ¡¡y vuelve de nuevo con ellos!! ¿Cómo es posible? ¿No nos han dicho unos minutos antes que la pérdida de superpoderes es irreversible? Nula explicación. A pasar por el aro.
 
¡La última, la última! Nos descubren un nuevo poder de Superman: si te besa de una determinada forma, te borra la memoria. (Debe ser algún componente kriptoniano de la salivilla, que inhibe determinadas sinapsis neuronales). De ese modo, consigue que, al final, Lois vuelva a olvidar su doble identidad.

Aparte de esas "licencias" de guion, una de las cosas que más me molesta es cómo echar a perder una escena importante por un capricho o idea errónea del director. Para mí, una de los mejores conceptos de esta secuela es que se pone al hombre de acero en serias dificultades, haciendo que su adversario tenga exactamente sus mismos superpoderes. ¿Cómo va a vencerle? Mejor aún. Vamos a hacer que sea una pelea desigual: tres contra uno. Evidentemente, como espectadores esperamos un combate épico. Más difícil todavía. Que ese épico combate suceda en mitad de una gran ciudad como Metrópolis, con muchas potenciales víctimas inocentes, a las que Superman trata de impedir que sufran daño alguno. El tres contra uno queda aún más desequilibrado, porque los supervillanos descubrirán, encima, su talón de Aquiles. Pues ese épico combate queda totalmente arruinado, porque el director se empeña en hacer numerosos gags humorísticos de ciudadanos sufriendo todo tipo de contratiempos a consecuencia de los superpoderes de los cambatientes: cabinas de teléfono que se tumban con el señor dentro que sigue intentando hablar, personas agarradas a su paraguas que se vuela por un supersoplido, etc. No. Claramente no era el momento del humor. Me acaba de jorobar usted la escena que estaba esperando durante toda la película. Merecería usted, juicio sumarísimo y ser fusilado, dos veces, al amanecer.
 
A pesar de esos aspectos negativos, como digo es una secuela digna, en la que prácticamente todos los aciertos de la primera parte vuelven a estar aquí presentes. El nivel baja un poco respecto a la predecesora, como consecuencia de unos cambios impuestos en el guion que no han sido los más acertados, pero que no anulan lo esencial.

Que la película podía haber sido mejor, lo pone de manifiesto la versión de 2006. ¡Pero esa es otra historia!
 
   
Calificación: 7/10
Recomendación: Para disfrutarla solo como un niño puede hacer.
 
 
Dirección: Richard Lester
Nacionalidad: Estados Unidos/Gran Bretaña/Canadá
Género: Ciencia-ficción
    Duración: 127 minutos

07 agosto 2022

Loca evasión

 (The Sugarland Express, 1974)

6 de agosto de 2022

Querido diario: 

Ya sabes que una de las cosas que me gusta de revisar una película es descubrir nuevos detalles y ver si mi opinión sigue siendo la misma. En algunas ocasiones, la revisión mejora la consideración que tenía anteriormente de la película. A veces, como en esta, de forma notable.

"Loca evasión" es el título español de la primera incursión en el cine de Steven Spielberg. Su título original "The Sugarland Express" se traduciría como "El expreso de Sugarland", en referencia a la población a la que se dirigen los protagonistas. El título español, aunque no tiene que ver con el original, resume bastante bien el argumento de la película, si bien da la impresión de que se trata de una patochada. Y no es así.

Vi esta película por primera vez, de forma bastante tardía, en un pase televisivo en algún momento de la segunda mitad de la década de los 90. Mi recuerdo es que me aburrí casi todo el metraje y me pareció una cinta bastante flojita. Vista nuevamente, descubro, con gran alborozo, que es una (otra) de las grandes obras del cineasta. Eso sí, alejada del cine que luego fue habitual en él, motivo por el que, supongo, me decepcionó aquel visionado, al no ajustarse mis espectativas a lo que estaba viendo.

Hasta ese momento, Spielberg solo había trabajado en televisión, dirigiendo varios episodios de diversas series y cuatro telefilms (uno de ellos del detective Colombo). Pero ya despuntaba como realizador. De hecho, uno de aquellos telefilms, el espléndido "El diablo sobre ruedas", tenía tal calidad que en Europa se estrenó en salas de cine en lugar de en la pequeña pantalla y fue el espaldarazo definitivo para que le confiaran el rodaje de un proyecto para cine y con un presupuesto mayor. Ese film fue "Loca evasión".

La historia comienza con la joven Lou Jean (Goldie Hawn) que acaba de salir de la cárcel por un delito menor, dispuesta a reunir a su familia, ayudando a su esposo a escapar de prisión y secuestrando a su hijo de dos años, que le ha sido arrebatado y entregado en adopción. Lou Jean visita a Clovis, su marido (William Atherton), en la penitenciaría y aprovecha el laxo régimen de vigilancia de la zona de preliberación, donde pasa los escasos meses de condena que le faltan, para ayudarle/obligarle a fugarse vestido de civil, confundido entre la multitud habitual del día de visitas. Al salir, entablan conversación con una pareja de ancianos que se ofrecen a llevarles. El anciano es una auténtica tortuga en la carretera y provoca una retención que llama la atención de un policía que les obliga a detenerse. Los ancianos bajan del vehículo y la joven pareja, asustada, huye, seguidos de cerca por el coche patrulla que da el aviso. El accidente de los jóvenes entre unos árboles es aprovechado por Lou Jean, que finge estar semiinconsciente, para robar la pistola al policía, al que toman como rehén y le obligan a llevarlos hasta Sugarland, donde está su hijo. Todo el departamento de policía comienza a perseguirlos, pero el capitán se niega a disparar y herir a su agente, al tiempo que habla por radio con los jóvenes y los va conociendo mientras le hacen saber sus pretensiones y condiciones. A la comitiva se van uniendo otras fuerzas de la ley, un par de policías de la cercana Luisiana, unos reservistas de la policía civil, y una una furgoneta de prensa local que retransmite la noticia por radio, convirtiendo a los fugitivos en celebridades y llamando la atención de multitud de curiosos que también se unen a la procesión o salen a la carretera para saludar a la pareja y darle ánimos.

El argumento está inspirado en una historia real sucedida en Texas en 1969. Spielberg es autor de la historia en colaboración con Hal Barwood y Matthew Robbins, que escribieron el guion definitivo. Esencialmente es una película de persecución, una road movie un tanto peculiar. Supongo que el "express" del título es ironía, ya que a lo largo del viaje realizan numerosas paradas y, en ocasiones, avanzan muy lentamente (por ejemplo, cuando se quedan sin gasolina, y el propio capitán empuja con su coche al de los fugitivos hasta la estación de servicio más cercana o cuando atraviesan el último pueblo antes de su destino). Está rodada con un claro tono de comedia, sobre todo al inicio. Pero la comedia se va haciendo cada vez menos divertida, hasta que comienza a transformarse en drama y luego en tragedia a medida que avanza el metraje.

Spielberg demostró su capacidad y habilidad para dirigir una producción con decenas de vehículos y cientos de extras implicados, y con escenas de acción perfectamente coreografiadas, ya sean de coches a toda velocidad por autopistas y carreteras secundarias, o un tiroteo en un concesionario de vehículos rodado como si fuese un caos total, pero en el que el espectador sabe en todo momento qué está sucediendo. Sin duda, esto animó a los productores David Brown y Richard D. Zanuck a ofrecerle la adaptación del bestseller "Tiburón", que se convirtió en su siguiente proyecto.

El verdadero héroe de la película es el capitán de policía, convincentemente interpretado por Ben Johnson (un habitual en las películas de John Ford). Se trata de un veterano del cuerpo, que toma personalmente el mando dispuesto a proteger y salvar a uno de sus hombres, y, al mismo tiempo, trata de impedir que nadie más resulte herido, especialmente cuando comprueba que los jóvenes delincuentes no son más que dos críos (como él los llama) que aún no comprenden en dónde se han metido. Porque, efectivamente, los dos protagonistas muestran en varias ocasiones una cierta inocencia o ingenuidad (les falta un hervor, como solemos decir) y parecen algo desubicados de la realidad que les rodea, animados únicamente en su objetivo de recuperar al niño robado, especialmente ella, que es quien arrastra a su compañero y está realmente decidida, como madre, a luchar por su hijo cueste lo que cueste. Destaca también el policía secuestrado (Michael Sacks) que, poco a poco, va siendo víctima del síndrome de Estocolmo que le lleva a empatizar con sus secuestradores y acaba ayudándoles en lo que puede. Pero esa empatía no es exclusiva de estos dos personajes: en varias escenas vemos como la gente común, informada a través de las noticias, sale en masa a la calle para ver a sus "héroes", para saludarlos, para tocarlos o para ofrecerles ayuda, sea en forma de pintalabios y rulos de peluquería, de dinero o de cualquier otro regalo que crean útil: pañales, peluches... Una empatía que, al mismo tiempo, se traslada fuera de la pantalla hacia el espectador.

Me resulta inevitable establecer un paralelismo entre los protagonistas, los perseguidores y el final de "Loca evasión", con otra hermosa y dura película bastante posterior: la inolvidable "Thelma y Louise". Y me ha sorprendido "descubrir" la bellísima escena final, con el policía secuestrado a contraluz, su silueta recortada sobre las doradas aguas del río Grande bajo la luz del atardecer, mientras el capitán le devuelve su pistola y le quita las esposas, ambos aún sobrecogidos por la anunciada tragedia que no han podido o sabido impedir. Una escena sobresaliente, concebida por su director, pero lograda por un magnífico director de fotografía, Vilmos Zsigmond.

"Loca evasión" se diferencia claramente de los siguientes trabajos de Spielberg por su falta de sentimentalismo y por su tono pesimista (tono que no reaparecería en el cine de Spielberg hasta "La lista de Schindler"). Contradice, además, la idea establecida de que Spielberg comenzó su carrera con la mirada de un niño, para más tarde madurar y convertirse en un artista más pesimista. Sin embargo, aquí vemos ya a un artista con una dura visión de la realidad. No sé si este es el motivo de que esta sea (o a mí me lo parece) la película más desconocida y más olvidada de este cineasta, la que menos se programa en televisión o se edita en formato físico. Una pena, porque es, sin duda, una gran película que merece ser rescatada de ese semiolvido.

    
Calificación: 9/10
Recomendación: Una película a redescubrir y reivindicar.
 
 
Dirección: Steven Spielberg
Nacionalidad: EE.UU.
Género: Drama
     Duración: 110 minutos

06 agosto 2022

Los niños del Brasil

 (The Boys from Brazil, 1978)

 

1 de agosto de 2022

Querido diario: 

Deseaba volver a ver esta película con tranquilidad. La única vez que la había visto fue en clase, en 2004, para ilustrar el tema de la clonación y la ética en ingeniería genética. Troceada en dos o tres veces y acompañado de un montón de zangolotinos a los que no les interesaba y no paraban de hablar y quejarse, su visionado no fue, precisamente, placentero y atento. (Por cierto, que el curso siguiente cambié de película: "Gattaca" cumple el mismo objetivo y es mejor recibida).

El argumento está basado en una novela de Ira Levin y trata el tema del nazismo y la posible resurrección de Hitler o, mejor dicho, de su clonación con la ayuda de los avances genéticos producidos en esas décadas. Para ello, se recurre a otro personaje histórico: el médico y oficial de las SS, Josef Mengele, conocido por los experimentos que realizó con prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz y firme partidario de la solución final. Su brutal sadismo y absoluta falta de empatía eran mejor conocidos que sus crueles investigaciones. Mengele huyó a Sudamérica tras la guerra y murió en 1979 (un año después de estrenarse esta película y tres años después de publicarse la novela).

La película comienza con un joven investigador (Steve Guttenberg, que se haría muy famoso en los años 80 con las locas academias de policía), que descubre en Paraguay extraños movimientos de importantes cargos nazis afincados en Sudamérica. Con ayuda de un micrófono que consigue inflitrar en una importante reunión presidida por Josef Mengele (Gregory Peck), descubre que el plan para establecer un IV Reich pasa por asesinar, en fechas concretas, a 94 padres de familia de 65 años con un trabajo burocrático que viven en diversos países del mundo. El joven hace partícipe de sus investigaciones a un anciano cazador de nazis (Laurence Olivier), quien las ignora y no les presta atención hasta que el joven es asesinado. Desde ese momento, y haciendo uso de sus contactos con agencias de noticias, el anciano comienza a reunir información de personas con esas características fallecidas de modo no natural y acude a visitar a un par de viudas. Le sorprende descubrir un patrón común: amas de casa, rubias, que miman y consienten a su único hijo, y mucho más jovenes que el marido. Pero su mayor sorpresa es que los hijos adolescentes de ambas viudas, de países diferentes, son absolutamente idénticos. Una de ellas le comenta que el niño es adoptado y le fue entregado por una criminal de guerra nazi (Uta Hagen), que él ayudó a encarcelar y a la que acude a interrogar en prisión. Con la promesa de ayudarla para una reducción de condena, la criminal le revela que trabajó en un programa de adopciones para una agencia nazi y que, en un periodo muy concreto, entregó en Estados Unidos varias decenas de bebés, que le traían de Brasil, a parejas que cumplían un perfil muy definido. El anciano cazanazis descubre a otra pareja que también adoptó en dicha época y, cotejando fechas, supone que el marido será asesinado próximamente. Al mismo tiempo, visita un instituto de biología en Viena, donde un joven doctor (Bruno Ganz) le descubre lo que es la clonación, sus posibilidades y limitaciones. La reflexión sobre todo ello le lleva a concluir que Mengele lleva décadas planificando un experimento a gran escala para clonar a Hitler. Entretanto, las pesquisas y visitas del anciano no han pasado desapercibidas para la organización nazi que está apoyando el proyecto de Mengele, y decide abortarlo enviando a su responsable de seguridad (James Mason) a la selva brasileña, donde vivía oculto inmerso en sus investigaciones, con la orden de quemar su casa y laboratorio, para destruir las huellas de sus actividades. Pero Mengele, decide continuar el plan por su cuenta y asesinar él mismo al siguiente nombre de la lista.

Desde luego, la historia parece, y es, enrevesada, pero, narrativamente, la película está contada con eficacia y simplicidad. Valga como ejemplo de ello, la breve escena de la entrevista con el biólogo, donde en muy pocos minutos, se resume de manera sencilla y comprensible el tema de la clonación, asunto que puede ser el más alejado y de difícil entendimiento para el público normal. En esa misma escena se desvela también otro de los puntos clave de la trama: la necesidad de recrear un ambiente similar en el que crezcan esos niños. Como decimos en biología, el fenotipo es consecuencia de un genotipo y de un ambiente. Es decir, lo que un ser vivo es en cuanto a físico y comportamiento es consecuencia, no solo de los genes que porta, sino también de la influencia que el medio, el ambiente, tiene sobre esos genes. Esto explica por qué Mengele, además de crear embriones con la misma información procedentes de unas muestras de tejido adulto del propio Hitler y, por tanto, con sus mismos genes, trataba de que sus creaciones fueran adoptados por parejas que guardaran similitud con la vida y el ambiente del Fuhrer, y para ello se recrean las condiciones socio-culturales en las que éste vivió: padres autoritarios y cincuentones con un trabajo burocrático, madres veinte años menores que el marido y amas de casa, etc. Y, claro está, los padres debían morir cuando cada niño tuviese la edad a la que Hitler perdió al suyo. Una excelente idea que, evidentemente, parte de la novela, pero a la que la película da verosimilitud, desde un punto de vista científico, con la inclusión de esa escena y el breve documental que el médico proyecta para el anciano judío. Llama la atención, hoy día, que la película describa con detalle la clonación de un conejo adulto, dieciocho antes de que se lograra clonar al primer mamífero, la oveja Dolly, mediante ese método.

Aunque, evidentemente, podríamos encuadrarla en la ciencia-ficción, la película está estructurada como un thriller, en el que acompañamos al protagonista en su descubrimiento de nuevas pistas hasta llegar al clímax final. El responsable de la misma es Franklin J. Schaffner, autor de éxitos anteriores como "El planeta de los simios" o "Patton". En este caso se hace cargo de una película más bien modesta, lejos de aquellas grandes superproducciones de Hollywood. Quizá sea esa falta de presupuesto lo que pesa un poco en el resultado final del film, por lo demás interesante. Creo que hay varias escenas de las que podría haber sacado mayor partido para crear una atmósfera más terrorífica, a pesar de que el horror y el desasosiego ya está latente en ellas. Una de ellas es la fiesta del partido nazi en la que Mengele descubre que han decidido cancelar su proyecto, con todos esos nazis vestidos de etiqueta y las banderas con la esvástica colgando por todos sitios, que daba para mostrar, aún más, el fanatismo de sus miembros. Otra (u otras) son las escenas en el laboratorio de Mengele en plena selva, con todos esos extraños indígenas deambulando por allí y que, claramente, son producto de los experimentos del médico. Destaca una escena bastante notable y espectacular en lo alto de una gran presa, perdida en la solitud del paisaje sueco, en la que uno de los asesinos se encuentra con un viejo compañero de guerra. Por otro lado, puede que para el espectador actual, la trama se desarrolle a un ritmo algo lento, pero no resulta en absoluto aburrida. En cualquier caso, es una película con un planteamiento perturbador, que sigue siendo interesante hoy día tanto por su trama y resolución, como por su carácter casi visionario desde el punto de vista meramente científico.

Los actores están bastante convincentes en sus papeles, siendo los protagonistas dos grandes de Hollywood hacia el final de sus carreras. Gregory Peck está perfecto interpretando al cruel médico nazi con un cierto acento alemán. Sorprende verlo en un papel de "malo", o más que, simplemente, de malo, de "peor". De otra parte, Laurence Olivier interpreta al viejo judío que ha dedicado su vida a perseguir nazis. Quizá ambos pecan de un cierto histrionismo en esta cinta, cosa que se les puede perdonar dados los personajes extremos que interpretan, y que, a su edad, ya no tenían que venir a demostrar nada. Además del evidente antagonismo entre ambos, se les ha dotado de ciertos paralelismos que resultan interesantes: ambos son personas ya maduras hacia al final de sus vidas, con una clara obsesión por lo que hacen, que se encuentran casi solos y sin apoyos (el uno dedicado a una labor, la caza de nazis, que ha perdido popularidad treinta años después del final del III Reich, y el otro enfrascado en un proyecto que ni siquiera termina de convencer a sus propios compañeros de partido), y ambos están dispuestos a jugarse la vida por terminar una labor en la que creen. Resulta también bastante morboso verlos en el desenlace enfrentándose a mordiscos y tirones de pelo. El tercer gran actor que podemos ver es el gran James Mason, en varias breves escenas, que dejan un sabor de boca algo amargo al verlo desaprovechado en un papel tan breve y poco agradecido o memorable.

Un par de anécdotas para acabar: Laurence Olivier, que hace aquí el papel de un cazador de nazis, interpretó solo dos años antes en "Marathon Man" a un doctor nazi que traía a la memoria al sádico Mengele. El actor Bruno Ganz, el joven biólogo que explica a Olivier lo que es la clonación y que afirma en la película que no le importaría estudiar a dos clones idénticos de Hitler, interpretaría mucho tiempo después al mismísimo Adolfo en "El hundimiento". (Anota, querido diario, volver a revisar la primera y ver de una vez la segunda).

    
Calificación: 7/10
Recomendación: Para amantes de intrigas y de ciencia-ficción bien pegada a la ciencia.
 
 
Dirección: Franklin J. Schaffner
Nacionalidad: Reino Unido / EE.UU.
Género: Thriller / ciencia-ficción
     Duración: 125 minutos

04 agosto 2022

Top Gun (Ídolos del aire)

 (Top Gun, 1986)

 


3 de agosto de 2022

Querido diario: 

Hay películas que marcan a todos los miembros de una generación y quedan para siempre en su recuerdo. Te confieso que a mí, con "Top Gun", eso no me sucedió.

No la había visto desde..., hace mucho. No puedo precisar el año. Solo la vi una vez en aquellos tiempos en los que nos actualizábamos cinematográficamente a base de visitas al videoclub, teniendo cuidado en escoger el formato correcto, VHS o Beta, según nuestro aparato reproductor (me refiero al chisme electrónico donde insertábamos la cinta, claro). Debían ser, pues, finales de los años 80 o primerísimos 90.

Ya en ese momento, la película me dejó un tanto frío. No digo que sea sumamente mala (de hecho, se deja ver con facilidad), pero no logro conectar con el tema de los avioncitos. En esta revisión, podría decirse que corroboro mi primera impresión.

Como sabes, querido diario, la historia se centra en un joven y chulito teniente de la marina estadounidense, apodado Maverick (Tom Cruise), que es enviado junto a Goose (Anthony Edwards), su oficial de radar, amigo y única "familia", a una academia de élite para pilotos de combate. Allí demuestra su gran habilidad, y su arrogancia, entablando una cierta rivalidad con Iceman (Val Kilmer), otro alumno brillante, al tiempo que entabla una relación con una instructora (civil, por supuesto, que no piense nadie que el ejército es un puterío), interpretada por Kelly McGillis. Poco después, un accidente en uno de los ejercicios hará que Maverick se replantee su futuro.

El gran problema es que la película tiene un argumento más bien escaso y no demasiado original. Esto podría minimizarse u ocultarse con un guion brillante que tenga unos personajes atractivos, buenos diálogos y situaciones que atrapen la atención. Y no es así. El guion no es excesivamente destacable, sino correctito, sin más. Muchas de las acciones son previsibles o poco originales y los personajes resultan simpáticos, pero no destacan por su arrolladora personalidad. La música y la espectacularidad de las secuencias de vuelo pretenden ser el punto fuerte que atrape al espectador y levante la película. Estas, efectivamente, enganchan a muchas personas, pero no a otras. Me incluyo en este segundo grupo: me cansa tanto vuelo acrobático y tanta misión aérea; no me entero de qué está sucediendo, porque solo veo primeros planos de aviones subiendo y bajando y planos de pilotos con su casco y mascarilla (¡fui incapaz de reconocerlos hasta que me di cuenta de que llevan su apodo en el casco!). Sí, al final te enteras de qué sucede o ha sucedido por los comentarios de los pilotos, pero no por lo que te muestran las imágenes. Y no, no sé qué avión es de cada uno. Si no soy capaz de distinguir un Nissan de un Audi hasta que veo el escudo, ¿cómo pretenden que distinga un F-14 de un MiG o de una avioneta teledirigida?

Por otro lado, ciertas cosas son demasiado previsibles. Que ya hemos visto mucho cine. En cuanto muestran a uno de los pilotos con su esposa y su hija, ya sabemos que está sentenciado, que su destino en la película es no llegar al The End, que será el primero en caer en cuanto la cosa se ponga chunga. Y alguna escena es, francamente, prescindible: ¿alguien me puede decir qué aporta el jueguecito de voley playa entre los alumnos, aparte, claro está, de mostrar torsos masculinos desnudos, bronceados y sudorosos? Que para enseñar carne ya está la escena de los vestuarios en la que, al menos, hay diálogo entre los actores. En esta solo sonrisas, cámara lenta, brillos en los pectorales... y acción paralizada. Si al menos la hubiesen rodado en 3D, podría verse salir algún abdominal de la pantalla. También hay alguna contradicción dentro del propio guion, como la escena de la pareja Cruise-McGillis, con Goose, su esposa e hija cantando en un bar, después de haber insistido McGillis en escenas anteriores que no quería que se supiera de su relación con un alumno.

No todo es negativo. Ya he dicho que la película se ve y digiere con facilidad. La labor del director Tony Scott es más que digna y logra salvar un producto palomitero que, en manos de otro, podría haber caído en el espanto más absoluto. Las secuencias de aviones (aunque yo me pierda con ellas, no entienda qué está ocurriendo y me harten) son bastante espectaculares y, recordemos, están rodadas con aviones reales, salvo los planos de accidentes y disparos (realizados con maquetas y pirotecnia) y los primeros planos de rostros de pilotos (en los que se utilizaba retroproyección). No, aún no habían llegado los ordenadores al cine. Faltaba muy poco, pero en esta cinta aún se usaron efectos ópticos y mecánicos, más artesanales, pero muy bien realizados y que no se notan nada. El sonido es endiabladamente bueno y espectacular en todas esas secuencias de vuelo.

Los intérpretes lo hacen bastante bien, pero, para mí, destacan dos de ellos. Por un lado, Kelly McGillis, muy guapa y convincente en su papel, y que parece algo mayor que Cruise y sus compañeros, quizá por su caracterización. Precisamente esa pequeña diferencia de edad, da mayor verosimitud al personaje de instructora con mayor experiencia que sus alumnos, sin que ello sea óbice para no creerse la historia de amor. El otro es Tom Skerritt, el instructor Viper de la división. Este secundario siempre me ha parecido un actor muy sólido y contenido, que suele bordar los pequeños papeles que le dan. Creo que está algo infravalorado. Para mí está perfecto en ese papelito.

Claro está, la música es, quizá, lo que más se recuerda y es otro puntal de la película. La banda sonora destaca por numerosas canciones de rock (varias de ellas compuestas por Giorgio Moroder), muy bien encajadas a lo largo del metraje. Entre ellas destacan "Danger Zone", interpretada por Kenny Loggins y que abre la película, y, por supuesto, la ganadora del Oscar, "Take My Breath Away" interpretada por Berlin, y reservado para el polvo (por cierto, que tendemos a magnificar las cosas más de la cuenta, y resulta que la esta breve escena no eran más que unos cuantos besos con lengua y a contraluz). En cuanto a la música incidental de Harold Faltermeyer, el tema principal ("Top Gun Anthem") se recuerda y suena muy bien, así como la del resto del film, aunque en un par de escenas chirría un poco, al no casar demasiado bien con la imagen.

Total: otra de esas películas que ha pasado a ser mítica, y no me explico por qué. Para mí no es más que una cinta que combina con tino comercial rock, acción, amor y escenas aéreas, sin más objetivo que pasar un rato sin complicaciones y dar alegrías a los cultivadores de maíz.

    
Calificación: 6/10
Recomendación: Para ver, con palomitas, una tarde de domingo.
 
 
Dirección: Tony Scott
Nacionalidad: EE.UU.
Género: Acción/drama
     Duración: 109 minutos

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